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Remedios y su demonio

Ilustraciones de André Nieves
Sao Paulo, Callis Editora, 2010.
ISBN-978-85-7416-528-8


Este libro, que obtuvo en 2010 el Premio Internacional del Libro de la FILIJ, es un bello cuento inspirado en algunos de los cuadros de la famosa pintora Remedios Varo, en medio de una atmósfera de sueño y fantasía. Desde ahí, Carmen Leñero narra las aventuras de una niña y de su felino, quienes a pesar de todas sus diferencias querían vivir siempre juntos.


 
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Remedios y su demonio

Ilustraciones de André Nieves
Sao Paulo, Callis Editora, 2010.
ISBN-978-85-7416-528-8




 
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Remedios y su demonio

Ilustraciones de André Nieves
Sao Paulo, Callis Editora, 2010.
ISBN-978-85-7416-528-8


Érase una niña que tenía un gato. Pero éste era sólo uno de sus problemas. El otro es que no tenían una casa donde vivir ella y su gato. El gato se llamaba “Demonio” y la niña, “Remedios”. Remedios y su pequeño Demonio se las arreglaban bien juntos. Aunque a veces no tan bien, y ahí radicaba el mayor problema.

***

Recordando esas tardes de cariño con su mascota, Remedios descubrió en el reflejo luminoso de un estanque que su propia cara era muy similar a la de un gato. Y entonces ya no supo si lo que veía en el agua era a su Demonio o a ella misma.
–Debo regresar –murmuró.
–Si acabo convertida en gato voy a necesitar una niña cariñosa que me cuide y un hogar protegido donde vivir.
Y así, poniéndose en el lugar de su amigo, Remedios logró comprenderlo por primera vez.



 
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Remedios y su demonio

Ilustraciones de André Nieves
Sao Paulo, Callis Editora, 2010.
ISBN-978-85-7416-528-8


“En Remedios y su Demonio … dos personajes representan temperamentos distintos: al gato Demonio —contrariamente a lo que su nombre dejaría imaginar— le gusta la seguridad de un hogar, y a su dueña Remedios —de naturaleza inquieta— le encantan los viajes. Este libro nos ofrece una atmósfera onírica a medio camino entre la reflexión existencial y el cuento fantástico”.
Barbara Bonardi Valentinotti, L de Lectura



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¿Sólo les falta hablar?

Ilustraciones de Gabriela Carrillo
México, inédito.


Merlín, un brillante canario canadiense, y Clapton, un inteligente perro labrador, son los personajes de este cuento, que narra una historia verídica pero muy sorprendente, ocurrida en la casa de un poeta que escribe sobre pintores fabulosos.
La convivencia de ambos animalitos nunca fue fácil, pues además de pertenecer a mundos tan distintos como es el mundo de las aves y el de los caninos, se disputan celosamente la atención y el amor del poeta. Sin embargo, entre ambas mascotas se establece una comunicación secreta y entrañable, que le salva la vida a uno de ellos, y que le confirma al poeta que hay mensajes esenciales más allá de las palabras.


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¿Sólo les falta hablar?

Ilustraciones de Gabriela Carrillo
México, inédito.




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¿Sólo les falta hablar?

Ilustraciones de Gabriela Carrillo
México, inédito.


Hay milagros grandes que aparecen en los periódicos o en las películas.
…Como el día en que la luna y el sol toman la siesta juntos durante un eclipse. O como la fabulosa noticia de que a los niños hambrientos de África les llegó un gran cargamento de comida.
Y hay milagros pequeños, que sólo aparecen en los libros. Milagros que no tienen poderosas alas de jet para llegar a todas partes en unos cuantos segundos, sino sólo tenues alas de mariposa, como las páginas de este cuento.

***

El veterinario sacó a Merlín de su jaula lo revisó de arriba a abajo sin descubrir ningún mal o enfermedad. No me fue fácil explicarle que el único síntoma de que yo tenía noticia eran los lamentos de Clapton. Al veterinario, en cambio, sí le fue fácil comprender que ese síntoma fuera razón suficiente para preocuparse. "Esos perros. son muy listos", dijo, "sólo les falta hablar", y volvió a auscultar cuidadosamente al ave.

***

Cuando entré en la casa ya era de noche. Un último rayo de luz dorada cruzaba la pared del vestíbulo. Debajo de aquel rayo, Clapton esperaba, echado, los resultados de mi diligencia. Puse la jaula de Merlín sobre su base. Clapton se le acercó despacio, fingiendo su habitual indiferencia por el "intruso". No gimió, ni ladró, ni volteó a mirarme siquiera, pero su cola negra se agitó levemente, abanicando la brisa dormida de la sala en penumbras.
"Qué suerte tienes, Merlín, de tener una amigo así", dije mientras en cuclillas acariciaba el lomo del buen Clapton.



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Ilustraciones de Gabriela Carrillo
México, inédito.




 
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Emilio y el viaje sin tesoro

Ilustraciones de Xan López Domínguez
Colección "A la orilla del viento"
México, F.C.E., 2009.
ISBN978-607-16-0064-6


Ya no hay tierras que descubrir, ni monstruos que capturar. Es posible de que mucho antes de que comenzara el siglo XX se hubieran desenterrado todos los tesoros y explorado todas las naves hundidas. Pero si uno construye una embarcación es para ir a algún lado, para navegar y, tal vez, descubrir que en nuestros sueños se hallan las piezas faltantes del rompecabezas de la vida. Eso fue lo que le ocurrió a Emilio, el personaje central de esta estupenda historia.


 
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Emilio y el viaje sin tesoro

Ilustraciones de Xan López Domínguez
Colección "A la orilla del viento"
México, F.C.E., 2009.
ISBN978-607-16-0064-6


I. No le gustaba irse a dormir... 9
II. Uribe Carrasco, Emilio -dijo la maestra... 13
III. Hacía apenas una semana que había cumplido once años... 19
IV. Sí, presente, pero medio ido... 24
V. A tientas encontró la puerta... 28
VI. Hubo de esperar a que el bamboleo... 34
VII. -¡A limpiar toda esa sangre!- ordenó con su voz de niño... 40
VIII. Pasó todo el día ensimismado... 46
IX. Mirando el mar, sentado sobre un taburete en cubierta... 52
X. El traqueteo del viejo camión de escuela... 57
XI. Juanjo, el vigía, anunció a grande voces... 62
XII. Para sorpresa de Emilio, su sombra... 69
XIII. Esa noche al volver del trabajo, la mamá... 75
XIV. ¡Qué revuelo se armó esa mañana!... 81
XV. Fue seguramente la enorme ilusión de Emilio... 86
XVI. Emilio tenía clara la diferencia entre sueño y realidad... 96
XVII. El amanecer sorprendió a aquel grupo de hombres... 104
XVIII. A las primeras horas de la mañana la laguna era escarlata... 115
XIX. No existen las coincidencias... 125


 
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Emilio y el viaje sin tesoro

Ilustraciones de Xan López Domínguez
Colección "A la orilla del viento"
México, F.C.E., 2009.
ISBN978-607-16-0064-6


V

A tientas encontró la puerta y subió tambaleándose por una estrecha escalera hasta cubierta. Sus párpados, por dentro, se tornaron anaranjados. Era un día soleado, y sin embargo, un vientecillo inquieto golpeaba intermitente las velas de los tres mástiles. Una especie de aleteo gigante resonaba en medio del silencio que reinaba a bordo. Se sostuvo de un enmohecido pasamanos a su alcance. Debo ver --se dijo--; debo abrir los ojos ahora. Pero sus párpados parecían sellados. Gritó:
    --¿Hay alguien aquí?
    Sólo le respondió el sonido del agua que chocaba suavemente contra el casco del barco. Volvió a llamar pero esta vez usando una frase más acorde a las circunstancias:
    --¿Quién vive?
    --¡Ja!, un marinero ciego, ¡acabáramos! --le respondió una voz ronca a pocos pasos. Debía tratarse de un hombre ya entrado en años y de modales muy rudos, pensó Emilio.
    --¿Quién eres tú? --le preguntó en el tono más firme que pudo.
    --¡Ja! --gruñó el hombre--. Podría yo ser el Maestre o el Contramaestre, o incluso el Cocinero; mas por lo que se ve, o mejor dicho, porque tú no ves nada, he de ser nada menos que el Capitán de esta embarcación.
    De ninguna manera --contestó Emilio, avanzando con los brazos extendidos hacia el extraño--. Yo soy el que construye noche a noche esta nave y estamos en MI sueño. Por tanto yo debo ser, y soy, el Capitán.
    El hombre rió entre dientes.
    --Debes probar entonces que eres el más fuerte --dijo sacando de su cintura un cuchillo, sin que Emilio pudiera percatarse.
    --¿Tienes la audacia de retarme? --le replicó.
    --No es audacia sino un juego de niños para mí --se burló el hombre--. Defiéndete si puedes.
    Sobresaltado por el inminente peligro, Emilio cerró los puños e hizo un esfuerzo sobrehumano para abrir los ojos, mientras su mente a toda velocidad pensaba en algún argumento fulminante que impidiera la pelea:
    --Yo… no… tú… --balbuceó--. ¡Qué valentía la tuya! --espetó al fin, simulando un poco de valor.
    --Ni creas que estar ciego te salvará de esto --masculló el hombre acercándose a Emilio de una zancada y enterrándole en el vientre su cuchillo.
    El angustioso grito de Emilio resonó por toda la bóveda celeste, las aguas se paralizaron y los albatros que sobrevolaban el barco graznaron enloquecidos. El súbito y agudísimo dolor que destempló por completo su cuerpo le abrió de un tajo los ojos. La luz dorada del sol que la superficie del océano reflejaba lo deslumbró en un primer momento. Pero poco a poco fue viendo claro dónde se hallaba y en qué condiciones.
    Lo primero que distinguió fue el mástil majestuoso de la proa; luego, levantando la cabeza, miró las radiantes velas izadas, el firmamento mareador. No vio a ningún hombre frente a él, ni a sus costados, ni detrás. Sólo vio la sangre que salía a borbotones de su herida en la panza, la sangre que chorreaba el suelo y avanzaba por cubierta. Era tanta, que se derramaba desde las orillas del barco sobre el mar, enrojeciendo las aguas. Su asombro de ver cuánta sangre podía salir de su pequeño cuerpo mitigó por un rato la intensidad del dolor. Sin embargo, tuvo que apoyarse en un barril cercano para no caer. Iba a desmayarse cuando algo le atajó: "se trata de un sueño --musitó su inteligencia--. Y en los sueños, aunque las cosas te duelan, siempre puedes reponerte".
    Lo importante de las ideas que surgen en nuestra cabeza no es tanto que sean buenas ideas sino que se nos ocurran en el momento adecuado. Entonces pueden ser salvadoras. Emilio había sido herido, mas la herida se cerraba con un simple movimiento de su voluntad. Su ceguera se había esfumado como las nubes espantadas con el furor de un trueno. Lo único que ni en sueños podía cambiarse era el recuerdo de aquel dolor que había sentido cuando el filo del cuchillo penetró la débil membrana que separa el mundo de afuera y el de dentro de su cuerpo de once años.



 
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Emilio y el viaje sin tesoro

Ilustraciones de Xan López Domínguez
Colección "A la orilla del viento"
México, F.C.E., 2009.
ISBN978-607-16-0064-6


"En apariencia, la vida de Emilio es bastante convencional: tiene once años, dos amigos, asiste a la escuela de lunes a viernes, le teme a la oscuridad y se percata de los pleitos de sus padres, aunque ellos pretendan ocultárselos. Sin embargo, Emilio es un chico especial. No es sólo su hambre de conocimiento, ni su inteligencia. Es, sobre todo, su imaginación. Por las noches, Emilio navega en un barco del cual es capitán y en el que todos lo llaman por otro nombre, más acorde a su condición de líder: Juan Sebastián Elcano. Acompañado por su tripulación, Emilio vive las más emocionantes aventuras y los más rudos enfrentamientos. Si en la vida real prefiere evitar las peleas y es un poco tímido, en el mundo de sus sueños crece ante sus limitaciones y las supera, convirtiéndose en un digno comandante de su barco. Pero a Emilio le esperan duras pruebas y no será trabajo fácil superarlas.
    Emilio y el viaje sin tesoro […] supone una invitación muy convincente a navegar por ese mundo riquísimo e ilimitado que está en nuestra cabeza. El libro fluctúa entre dos planos narrativos: el del mundo real y uno imaginario. En ese ir y venir, la realidad de Emilio resulta eclipsada por sus invenciones, mucho más vívidas y persuasivas que los hechos cotidianos. A pesar de ello, no se niega que la realidad es materia prima para los sueños: entre mejor conoce Emilio la estructura de los barcos, el carácter de los piratas, las navegaciones de otros marinos… entre más se nutre de historias reales y fantaseadas, mayor es su potencial creativo, más apasionantes son sus aventuras". Luego de enriquecer su vida con sus viajes inventados, Emilio podría volver a la realidad más sensible, más alerta ante los tesoros que no lo parecen por estar frente a nuestras narices. Y quizá reciba una revelación que cambie su mundo por completo".

Javier Munguía, Libradicto, http://www.libro-adicto.com , 14/12/2009.

"Carmen Leñero escribe una historia híbrida entre imaginación y realidad, contada de manera sencilla, en la que un niño emprendiera aventuras embarcado en sus sueños pero sin abandonar la realidad 'donde están sus otras aventuras, que son pequeñas, probablemente, pero que son más definitivas' [… ] La realidad de una vida con altibajos, con muertes y necesidades es lo que mantiene al protagonista de su libro, Emilio y su viaje sin tesoro, con un pie en la tierra […] El viaje que Carmen Leñero emprende es el descubrimiento personal de un preadolescente que parte en busca de un tesoro. […] concibe que, contrario al mundo adulto que está inmerso en la vida cotidiana, los jóvenes tienen tiempo de hacer filosofía, de mirar las cosas desde una distancia y de entenderlas de su propia manera, de modelarla […] Leñero utiliza la fábula como la fórmula básica de creación, para armar una concepción del mundo aunque sea efímera y temporal, [y para ofrecer] una explicación interna de la existencia".
Yanet Aguilar Sosa, El Universal, 12/05/2009



 
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La pequeña tempestad

Ilustración de portada: Pilar Osorno Romano
"El barco de vapor", Colección Serie Roja.
México, SM Ediciones, 2007.
ISBN 978-968-7791-76-0


Inspirada en una antigua historia de William Shakespeare este libro narra, a distintas voces, las aventuras de un niño que se convierte en árbol, la de una niña cuentacuentos que se convierte en mariposa, y la de dos hermanos que, convertidos en coyotes, vuelven a ser amigos cuando luchan por salvarse. La historia habla de nuestras conexiones con la naturaleza y de sus poderes de transformación.


 
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La pequeña tempestad

Ilustración de portada: Pilar Osorno Romano
"El barco de vapor", Colección Serie Roja.
México, SM Ediciones, 2007.
ISBN 978-968-7791-76-0


Bosque de lluvia 5
La persecución y las alas 9
El tiempo que corre 19
Más nudos 23
Picotazos en la cabeza 27
Ser un árbol 31
Más picotazos y un trueno 41
Ser aire 45
Ser un niño 53
Bosque de humo 69
Ser coyote 73
El relato de Miranda 79
El retorno 89


 
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La pequeña tempestad

Ilustración de portada: Pilar Osorno Romano
"El barco de vapor", Colección Serie Roja.
México, SM Ediciones, 2007.
ISBN 978-968-7791-76-0


Bosque de lluvia
Ser un árbol

Bosque de lluvia

Todos los árboles de esa región del bosque quisieron que sus ramas fueran brazos que bailan una danza muy lenta y que sus hojas fueran manos abiertas donde se sostienen las gotas de agua como mosquitos temblorosos. Y quisieron esos árboles que alrededor de su tronco crecieran millones de líquenes que filtran tiempo en vez de aire. Y estuvieron de acuerdo en que el musgo los cubriera con su terciopelo pegajoso, de un eléctrico brillante, para cobijarlos del frío y hacerlos ver elegantes. Aceptaron también que los hongos se ensartaran en sus pliegues formando escaleras fantásticas por las que alguna criatura despistada -de las que se negaron a perecer en antiguos cataclismos- pudiera subir hasta sus copas. Desearon que los pájaros carpinteros ejecutaran sobre su corteza una percusión alegre e incluso que los castores, de vez en cuando, afilaran sus dientes abriéndoles un gran hueco, donde tarde o temprano vendría a refugiarse algún pequeño ser sin hogar.
    Sí, tener un hueco en lugar de corazón: eso les gusta a los árboles de esta zona. Un hueco donde un animalillo o cualquier otra criatura imprevista y desprotegida pueda habitar. Para eso sirve el corazón y no para otra cosa.
    Los árboles mayores esperan y esperan sin aburrimiento, sin inquietudes. No conocen el miedo pues su existencia dura cien veces más que el miedo más duradero, y sus raíces penetran cien veces más adentro que el miedo más profundo, y su talla les permite ver todo desde una altura a la que no llega el miedo, sino sólo, y muy a veces, el aliento negro del miedo que sienten otras criaturas y que se eleva rozando sus hojas en forma de humo.
    Una vez que caen por tierra, ya sea porque son muy ancianos o porque algún rayo los atravesó, estos árboles tranquilos dejan que otros frágiles arbustos claven en ellos sus raíces y que un mundo de hierbajos se instale en su corteza para chuparles las sustancias nutritivas y los secretos que se necesitan para sobrevivir en el bosque. Así, infinidad de vegetales pueden crecer y llegar a ser tan viejos como lo fueron sus "árboles nodriza", despreocupados de contar los días que se han vuelto demasiados, tantos como los que una tortuga gigante lleva grabados en su caparazón.
    También estuvieron de acuerdo los árboles sabios, aunque nadie se los preguntó, en transformarse en cualquier otro ser del bosque cuando su vida de árbol se acabara, quizá varios siglos después o quizá durante la próxima tormenta. Sí, transformarse en cualquier otra cosa imaginable: en polvo, en una nueva planta o en una roca muda. Nadie sabe cuándo la vida a la que uno está acostumbrado se acaba. A lo mejor no es cierto que se acaba. Ni los árboles más antiguos, ni los más diminutos seres unicelulares, ni nadie sabe cuándo su vida va a convertirse en la vida de otro.

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Ser un árbol

Tomás intentó abrir los ojos pero estaban llenos de legañas y los párpados se le pegaban, recordó Miranda. No, seguramente no había abierto los ojos porque todo estaba oscuro a su alrededor. Sintió la cuerda del padrino apretándole los brazos y las piernas. No, seguramente no había despertado de aquella pesadilla con su hermano porque seguía amarrado en medio del bosque. Cuando sus pupilas lograron ver en la penumbra, el terror lo recorrió como uno de esos rayos que a veces atraviesan los troncos durante la tormenta. Y con aquella especie de relámpago despertó también su Mente Animal. Ambos se quedaron pasmados, sin poder lanzar el grito que crecía en su garganta. Aguzó el oído. Deseaba escuchar que lo llamaban a lo lejos, como cuando se hallaba en algún escondite. Pero en realidad sólo escuchaba el silbido del aire sacudiendo las hojas de los árboles.
Temblaba de frío hasta la punta del cabello y sentía todo el cuerpo húmedo y mohoso.
    --Tengo miedo --oyó gemir a su Mente Animal dentro de su cabeza--. Tengo miedo, estoy congelada, tengo hambre.
    Le dolía el cuello pero no podía alzar las manos y sobarse. Le dolían las piernas y los brazos pero no podía cambiar de posición. Le dolía todo.
    --¿Desde cuándo estoy aquí?, ¿cuántas horas habrán pasado?, ¿dónde está Tomás? --preguntó su Mente Animal confundida.
    Tratando de responderle, Tomás se puso a razonar de manera rara como si de veras fuera otra persona:
    ¿Dónde estaría ahorita Tomás si se hubiera escondido? ¿Y si no se hubiera escondido en realidad? Ah, pues estaría haciendo la tarea con su lamparita encendida o mirando el álbum de animales que guarda bajo la cama o... acurrucado junto a su madre viendo la televisión.
    Sí, claro, pero Tomás no recordaba haber regresado a su casa, ni haberse sentado a cenar, ni nada de nada.
    --No, Tomás no está en su casa --tuvo que responderse a sí mismo--. Así que entonces sigue escondido aquí, y puesto que yo soy el que estoy aquí, Tomás debo ser yo --le dijo por fin a su Mente Animal.
    Es bueno, pensaba el pobre de Tomás para consolarse, que un niño no esté donde todos creen sino donde verdaderamente está.
    --¡Despabílate! --le gritó su Mente--. ¡No estás escondido; estás atrapado! Más te vale encontrar la forma de liberarnos antes de que...
    Como sólo podía distinguir sombras en tanta oscuridad, Tomás quería concentrarse en los sonidos que lo circundaban, así que calló de tajo a su Mente Animal:
    --¡Shhh!
    Ella se agazapó resentida. Al principio sólo un silencio pastoso inundó el cerebro de Tomás. Dicen que el silencio es mudo pero no es cierto. El silencio es un aire grueso que zumba, se acumula en tu cabeza y luego se desborda para envolverte de arriba abajo como una cobija extraña.



 
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La pequeña tempestad

Ilustración de portada: Pilar Osorno Romano
"El barco de vapor", Colección Serie Roja.
México, SM Ediciones, 2007.
ISBN 978-968-7791-76-0


"Carmen Leñero es una de la mejores escritoras. Me gusta como escribió La pequeña tempestad. Es una obra muy bonita. Tengo mucho interés en esa obra, es muy linda. La primera obra leída por completo nos enseña a no ser egoístas con los hermanos y no tener envidia con ellos. Ése es mi comentario".
Niña Gabriela Molina, artecomunicarte, 13/02/11.

"En las novelas de Leñero hay dos clases de niños: los reales y los imaginados […] en La pequeña tempestad (2007), los niños imaginarios alcanzan el grado de "mensajeros" entre dos niños reales: Tomás, quien yace amarrado a un árbol en medio del bosque, y su hermano mayor Saúl, quien perpetró la travesura. Los mensajeros son Miranda y Ariel, personajes de La tempestad de Shakespeare, que Tomás recuerda de una representación con títeres. Cuando finalmente lo encuentran y rescatan, Tomás y Ariel intercambian cuerpos por error; Tomás queda adherido al árbol; al poco tiempo llega Miranda para contarle su propia historia mientras Ariel, en el cuerpo de Tomás, induce a Saúl a un sueño donde ambos hermanos se reencuentran en un bosque más profundo que el bosque verdadero. Para Leñero la imaginación no necesariamente detiene la violencia o la hostilidad del exterior, pero no por ello subestima el perspicaz espíritu del niño.
Aurelio Meza, semifusa, Bogotá, 06/02/2011.



 
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La niñez de Frida Kahlo

Diseño gráfico: Camila Mesquita
Sao Paulo, Callis Editora, 2007
ISBN 978-85-7416-216-4


Carmen Leñero presenta a Frida Kahlo de una forma tan poética que el pequeño lector se enamorará de ella. El libro, que está ricamente ilustrado con obras de Frida, cuenta parte de su infancia y nos acerca a su universo inmensamente rico y diverso.


 
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La niñez de Frida Kahlo

Diseño gráfico: Camila Mesquita
Sao Paulo, Callis Editora, 2007
ISBN 978-85-7416-216-4




 
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La niñez de Frida Kahlo

Diseño gráfico: Camila Mesquita
Sao Paulo, Callis Editora, 2007
ISBN 978-85-7416-216-4


Para las fotos, la pequeña Frida se disfrazaba. ¡Le encantaban los disfraces!: ser muchas personas en una.
    A veces se disfrazaba con listones y grandes aretes, como si estuviera de fiesta; otras veces se vestía de hombre. Y disfrutaba ver esos 'personajes suyos' en el espejo o en las fotos, sobre todo cuando escandalizaban a su mamá y a sus tías.

***

Una mañana, cuando tenía seis años, Frida miraba por la ventana de su cuarto. De pronto tuvo la ocurrencia de soplar vaho sobre el cristal y dibujar con su dedo una puertita. Con la imaginación cruzó esa puertita y corrió por un llano inmenso. De tanto correr sus piernas le empezaron a fallar. Al poco rato ya no podía caminar pues tenía todo el cuerpo adolorido. Exhausta, se sentó en medio de aquel desierto. ¡Quiero seguir, se dijo, quiero seguir! Entonces, a sus espaldas descubrió algo insólito: una silla de ruedas. Se sentó en ella y girando las ruedas con sus manos avanzó otro trecho hasta que se sintió repuesta. Se levantó y siguió a pie, cojeando pero muy decidida. ¡Cuánto esfuerzo le costaba, y cuánta sed sintió!

***

Frida Kahlo murió a los 48 años, en parte de tristeza y en parte por tantas enfermedades que tuvo. Aunque llegó a ser una mujer importante y valiente, siempre fue por dentro esa chiquilla que escapaba por la puertita mágica para hablar con su hermana gemela.
    Hoy la vemos viva en sus retratos, que viajan por el mundo como pájaros fantásticos. Su rostro pensativo está en la memoria de muchas personas. Y todos guardan en su alma esta historia fabulosa pero verídica, como un secreto feliz.



 
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La niñez de Frida Kahlo

Diseño gráfico: Camila Mesquita
Sao Paulo, Callis Editora, 2007
ISBN 978-85-7416-216-4


"This biography of young Frida Kahlo is illustrated with many of her paintings. Children experience Frida's passion for painting and learn that sometimes beauty can arise out of tragedy. This hopeful tale inspires children to pursue their dreams and appreciate art."
Jacketflap

"En la Ciudad de México, nace en 1907 una niña alegre, inteligente y muy sensible: Magdalena Carmen Frida. Muy pronto ella pintaría lo que veía con los ojos y con la imaginación, sin importar sus limitaciones físicas. Se convirtió en una pintora de reconocimiento mundial".
Libros para soñar


 
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¡Es una traviesa esa raya!

Ilustraciones de Luis Fernando Enríquez.
Colección "Los especiales de A la orilla del viento"
México, Fondo de Cultura Económica, 2001.
ISBN 968-16-6181-8


Pintas una raya, una raya muy larga. Y la raya se sale del papel y del salón y escapa, dejando el mundo dividido en dos…En una historia donde la poesía, la música y la narrativa comparten un mismo espacio, Carmen Leñero hace una parábola extraordinaria sobre la línea invisible que divide la frontera entre los niños y los adultos.


 
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¡Es una traviesa esa raya!

Ilustraciones de Luis Fernando Enríquez.
Colección "Los especiales de A la orilla del viento"
México, Fondo de Cultura Económica, 2001.
ISBN 968-16-6181-8




 
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¡Es una traviesa esa raya!

Ilustraciones de Luis Fernando Enríquez.
Colección "Los especiales de A la orilla del viento"
México, Fondo de Cultura Económica, 2001.
ISBN 968-16-6181-8


Pintas una raya,
pintas una raya muy larga
en tu cuaderno.
La punta del lápiz
patina sobre el papel
y resbala hasta la orilla de la hoja.

Luego la raya que pintaste
se sale del cuaderno,
atraviesa tu pupitre
y va buscando
qué tan larga puede ser,
a lo mejor, como un cabello de Marina,
como una pesilla o un castigo.

***

Del otro lado
de tu raya
vive gente misteriosa
y todos los asuntos
se presentan al revés.

A veces sueñas con un puente
que cruce tu línea loca
para dejarte conocer
la parte izquierda de todo,
la otra mitad del cuarto
o del salón,
la mitad donde tu sombra
baila y baila
con los niños despistados,
que parecen tan alegres
y tan "idos".

***

Tu lápiz ya no quisiera
pintar más rayas escapistas
en su vida,
sólo círculos que vuelvan,
que den vuelta a las monedas
como anillos,
puros soles amigables,
latiendo entre renglones
como letras en la cárcel.



 
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¡Es una traviesa esa raya!

Ilustraciones de Luis Fernando Enríquez.
Colección "Los especiales de A la orilla del viento"
México, Fondo de Cultura Económica, 2001.
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Carcajadas en Grandipécuaro

Ilustraciones de: Cecilia Cota Trujillo.
Colección "Los derechos humanos de los niños"
México, Instituto Federal Electoral, 1997.
ISBN 968-7750-10-3


Este cuento narra la historia de un pequeño pueblo, hermoso y próspero, llamado Grandipécuaro, donde sin embargo reinaba la tristeza, ya que en él no había niños. Todos ellos se habían ido en el tren supersónico de Yuyuki Janquefeler, un día tan lejano en el tiempo que ya nadie recordaba. Los niños viajeros, nostálgicos de sus juegos en el mercado y la plaza, decidieron regresar, pero entonces ninguno en el pueblo pudo reconocer qué cosa eran esos extraños seres, tan llenos de necesidades como de desbordante alegría. ¿Cómo se las iban a arreglar los pobladores para acoger a aquellas criaturas venidas del espacio?


 
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Carcajadas en Grandipécuaro

Ilustraciones de: Cecilia Cota Trujillo.
Colección "Los derechos humanos de los niños"
México, Instituto Federal Electoral, 1997.
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Carcajadas en Grandipécuaro

Ilustraciones de: Cecilia Cota Trujillo.
Colección "Los derechos humanos de los niños"
México, Instituto Federal Electoral, 1997.
ISBN 968-7750-10-3


—¿Niños? —refunfuñó el presidente municipal—, ¿qué es eso de 'niños'?     Los niños se miraron unos a otros sin saber qué responder; nunca les habían hecho tamaña pregunta.
    —Si no confiesan los dejaremos aquí atados, a la intemperie.
    —¡Nos enfermaremos! —replicó una niña que cargaba a su hermanita.
    "Uy, qué delicados", pensó Secretitos, la secretaria el presidente.
    —¿Ah sí? —dijo él—. Pues aquí se trabaja bajo el sol y bajo la luna, y nadie se enferma por eso.
    —Yo puedo darles techo si trabajan para mí -dijo don Fortino -- ¿qué oficio conocen?
    —Sabemos jugar -contestó el más pequeño.
    Jeremías, el loco del pueblo, se emocionó al oír esa palabra extravagante: 'jugar'
    —No conozco ese oficio —fruñó don Fortino— ¿Saben cagar bultos?
    —No tenemos tanta fuerza -dijo una chica de colitas.
    —Y menos cuando no hemos comido —gimió un niño cachetón.
    —¡Qué barbaridad! —chilló doña Delgadina—. En Grandipécuaro nadie come si no trabaja.
    —Yo los puedo alimentar —murmuró doña Gordelia—, siempre me sobra alimento para gallinas. Pero a cambio, vigilarán que no entren coyotes a mi granja por la noche.
    —A mí me da miedo la noche -dijo un chamaco pelirrojo.
    —A mí, los coyotes -balbuceó una niñita temblorosa.
    —¿Oyeron? Estos niños son más cobardes que las gallinas y no sirven para nada. Al menos mis gallinas ponen huevos.



 
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Carcajadas en Grandipécuaro

Ilustraciones de: Cecilia Cota Trujillo.
Colección "Los derechos humanos de los niños"
México, Instituto Federal Electoral, 1997.
ISBN 968-7750-10-3




 
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Lucas afuera, Lucas adentro

Colección "A la orilla del viento"
México, Fondo de Cultura Económica, 1997.
ISBN 968-16-5434-X


Qué pasaría si todo lo que no te gusta desapareciera en la panza de tu mascota: las tareas, los moñitos con que te sujetan las trenzas, las boletas de calificaciones, los regaños de mamá, la vecina gritona, la sopa de fideos, lo que te da miedo, la escuela, los aviones, los cinco continentes, las estrellas….hasta que no quedara nada más?
Este cuento, que ganó en 1996 el Premio Juan de la Cabada, nos narra una historia imposible pero en el fondo verdadera, donde un pequeño gusano se vuelve la gran preocupación de una niña llena de ideas lógicas pero locas.


 
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Lucas afuera, Lucas adentro

Colección "A la orilla del viento"
México, Fondo de Cultura Económica, 1997.
ISBN 968-16-5434-X




 
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Lucas afuera, Lucas adentro

Colección "A la orilla del viento"
México, Fondo de Cultura Económica, 1997.
ISBN 968-16-5434-X


Me río mucho y hago bromas pero soy una niña triste. Me gusta sentarme detrás de los árboles y jugar que soy otra persona o un animal o alguna otra cosa como… una avioneta.
A medio día me zampo todo lo que me ponen en el plato y digo lo que esperan que diga, con tal de ahorrarme sermones y levantarme rápido de la mesa. Entonces corro a la bardita y me salto al jardín de la alemana.
La alemana tiene muy mal carácter, pero como es una despistada no se entera de que paso las tardes en su jardín jugando a los bandoleros.

***

Una tarde, después de que Lucas se hubo comido la boleta de calificaciones, el cuaderno de español, la foto de tía Ema y los moñitos con que me sujetan las trenzas, lo llevé a mi cuarto. Como mis papás andaban de viaje pudimos trabajar libremente.
--Mira, Lucas -le decía yo--, ¿ves este cinturón?, con él me pega mi papá cuando digo mentiras. Dice que lo peor del mundo son las mentiras, pero yo veo que cuando digo la verdad es cuando se enteran de que antes había mentido y entonces… ¡la tunda que me ponen!
Eso bastaba para que Lucas arremetiera contra el cinturón. Y mientras él masticaba yo iba de la cocina a las recámaras buscando algún otro objeto odioso que llevarle.
--¿No te cansas de comer, Lucas?
No, no se cansaba. Y engordó tanto que alcanzó el tamaño de un gato. Su cuerpo se había ido cubriendo de pelusa y sudaba millones de gotitas a toda hora. No tenía ojos, ¡ni falta que le hacían!; caminaba por el tapete de mi cuarto como de memoria, y si se topaba con algún obstáculo se deslizaba por encima sin hacerse ni un rasguño. Aunque ya lo quería n poquito, me daba terror dormir con un bicho así bajo la cama.

***

"¿Era yo la culpable de lo que estaba sucediendo?"
No supe contestar pero me fui enojando más y más conmigo. Lucas empezó a inquietare pues mi actitud lo colocaba en un dilema: me amaba sí, pero sí yo me enojaba conmigo misma eso me convertía instantáneamente en… ¡COMIDA! Le brillaron los ojos de felicidad, llevaba horas sin bocado. No se le ocurrió pensar lo que le pasaría después de tragarme,
--¿Qué harías tú, Lucas, sin mis furias, sin mis ascos y mis quejas? -le grité asustada-- ¡¿Qué harías, gusano bobo, mal amigo, monstruo sin imaginación?!
Para ser francos yo tampoco podía imaginar lo que iba a pasarme a mí y al mundo después de desaparecer en la bocota de Lucas. La sola idea me mareó. Sucede que cuando las cosas se ponen complicadas me mareo. Así que dejé de pensar e el difícil dilema de Lucas, en parte porque Lucas lo había resuelto con su voraz inteligencia de chorlito: abrió la boca y me engulló.



 
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Lucas afuera, Lucas adentro

Colección "A la orilla del viento"
México, Fondo de Cultura Económica, 1997.
ISBN 968-16-5434-X


"A great book that teaches children about controlling their anger and emotions as a young girl, who seems to always be mad at the world, receives a gift from a boy at school".
www.perma-bound.com



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Saltimbanqui Luz de Ayer

Colección "Botella al mar"
México, Grijalbo, 1992.
ISBN 970-05-0414-X


Cuando era una niña, Carmen escribió un cuento para explicarse por qué los cometas viajan tanto, dejando una larga estela de luz tras de sí. Imaginó entonces que un cometa bien pudiera ser una especie de estrella con el velo del vestido de novia, yendo y viniendo por el universo. De aquel relato de infancia nació años después este libro, donde una inquieta cometa llamada Saltimbanqui -a quien no le interesa jugar a la ronda como a las demás estrellas, sino moverse en una elipse tan amplia como las que describen las constelaciones-, al llegar a su boda con el príncipe Orión (un solecillo orgulloso), encuentra siempre pretextos para postergar siempre la ceremonia, y darse otro pequeño paseíto de 50 años entre las galaxias.


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Saltimbanqui Luz de Ayer

Colección "Botella al mar"
México, Grijalbo, 1992.
ISBN 970-05-0414-X




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Saltimbanqui Luz de Ayer

Colección "Botella al mar"
México, Grijalbo, 1992.
ISBN 970-05-0414-X


Se atavió el cielo entero para la celebración. En las superficies resbaladizas de los estanques se podía ver nuevamente el rostro de las estrellas cepillándose los rayos, polveándose las mejillas y puliéndose los picos con una crema milagrosa de reciente aparición. El rey Chocho dormitaba en su trono y la reina daba las últimas instrucciones a las cocineras.
    Cuando comenzaron a llegar los invitados, Gama consultó inquieta su reloj. ¡Qué humillación para su hijo si la novia no se presenta! No quería ni imaginárselo.
    Pero Saltimbanqui acababa de entrar de puntitas por el jardín de atrás. Solamente la Noche, al otro lado de las cortinas, la había descubierto. No parecía venir contra su voluntad, por el contrario, traía un aire de pícara…



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Saltimbanqui Luz de Ayer

Colección "Botella al mar"
México, Grijalbo, 1992.
ISBN 970-05-0414-X


"En este texto de magistral belleza, Carmen Leñero relata una historia de la que se deduce más de una verdad importante […] y asomos de confrontación con una cierta moralidad. Esto último se advierte en la renuencia de la joven cometa a casarse con Orión, imagen contraria a la tan extendida, y enraizada todavía en el imaginario social, de que la máxima ambición de la mujer es contraer nupcias. Pero el énfasis verdadero está en el aprendizaje […] de la teoría del Cosmos y la relatividad del tiempo. […] 'Los cantos que tararea la noche llegan volando como hadas invisibles desde miles de siglos atrás… Aquí no hay abajo ni hay arriba, niña…Caía y caía en el pozo del mundo… Pasaba como un relámpago, atravesando las paredes que separan el pasado, el presente y el futuro…' Éstas son algunas de las construcciones poéticas con las que Leñero va sembrando su relato, describiendo a brochazos de metáforas un claro cuadro del universo".

B. Consuelo, "Saltimbanqui Luz de Ayer", Sábado de Unomásuno, México, 6/05/00.



 
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Monstruos Mexicanos

Ilustraciones de Claudio Romo y Marcos Castro
México, Col. Alas y Raíces, CONACULTA, 2012
ISBN 978-607-516-028-3


La gente de nuestro país cuenta historias donde ciertos personajes perversos aparecen repetidamente. Se trata de criaturas monstruosas que provienen del mundo prehispánico y de la Colonia, y que siguen por ahí. Escuché sus anécdotas, estudié sus leyendas, sus atributos, su vida y parentela. Y escribí estos cuentos para narrar la forma en que probablemente nacieron y algunas de sus hazañas malignas.


 
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Monstruos Mexicanos

Ilustraciones de Claudio Romo y Marcos Castro
México, Col. Alas y Raíces, CONACULTA, 2012
ISBN 978-607-516-028-3


Volumen I
Prólogo 5
Waay chivo 15
El nahual 27
Sinsimito 39
Aluxes, chaneques y guajes 51
Waay pop 63
 
Volumen II
Prólogo 5
Serpiente de fuego 15
Tukákame 25
Serpiente Tsukán 35
Bolas de fuego 47
La serpiente de siete cabezas 65


 
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Monstruos Mexicanos

Ilustraciones de Claudio Romo y Marcos Castro
México, Col. Alas y Raíces, CONACULTA, 2012
ISBN 978-607-516-028-3


El Nahual (frag.)

Todos y cada uno de nosotros, desde el nacimiento, estamos ligados a un animal en particular: un felino, un coyote, una culebra, una lechuza, o cualquier otro que encarna la forma que somos por dentro. Se trata de nuestra “mente animal”, que actúa por su cuenta para salvarnos de aquello contra lo que nuestra “mente humana” no puede defendernos. Nos protege a veces, y a veces realiza cosas extraordinarias a las que nosotros no nos atrevemos. Es nuestro nahual, nuestro “doble” salvaje, instintivo y libre, que nos cuida, nos enseña y también nos atemoriza, pues no responde a los dictados de la razón ni de la ley. Aunque se supone que vive dentro de nosotros, y sólo se comunica mediante sueños y alucinaciones, en ocasiones se materializa y nos sorprende en algún punto del camino: “¿Quién eres?, ¿qué haces aquí?, ¿qué rayos quieres?”, le preguntamos, pero no nos contesta; sólo nos mira con sus ojos llameantes, helándonos el alma y recordándonos que la Naturaleza es un misterio[…]
Leonila, mi nana, estaba convencida de la existencia de los nahuales, y en la noches me contaba historias que aún ahora me perturban. Como era tartamuda, Leo tardaba mucho en completar sus relatos, así que a menudo yo me quedaba dormida a medio cuento y acababa teniendo pesadillas. En especial recuerdo la historia de cómo se quedó muda de niña, y de cómo, gracias a su propio nahual, pudo recobrar el habla años después.
—E-e-esa vez –comenzó Leonila—, cuando el sol ya se metía tras de los cerros en Acultzingo, yo estaba subida en un banquito, cepillándome el pelo frente al espejo que teníamos colgado al fondo de la choza. Mi mamá había ido al molino de su compadre a preparar el nixtamal para las tortillas del día siguiente, y yo aproveché para ponerme a escondidas el vestido blanco que iba a estrenar cuando le llevara flores a la Virgen. Como ya tenía ocho años, no me asustaba quedarme so-so-solita en casa, pues me sentía acompañada por el balido de nuestros chi-chi-chivos allá afuera. De pronto, los chivos se callaron y escuché unos gruñidos siniestros en el po-portal. ¡Ay, mi’ijita, me quedé petrificada! La puerta se abrió de golpe y un enorme perro me atacó por la espalda, mordiéndome en la cintura y clavándome sus pesuñas…

***

Serpiente de siete cabezas (frag.)

Siete son las cabezas del monstruo que abre túneles bajo tierra, y que luego, bajo las aguas, custodia el gran tesoro del mar: el origen de la vida. Siete son las regiones del mundo, las franjas del arcoíris y los cuellos de la Gran Serpiente Abuela. Siete son los pecados capitales, como las cabezas de Satán, que el Arcángel San Miguel debe cortar una por una al final de los tiempos –igual que hizo Hércules con la terrible Hidra del océano. Siete son las almas que tiene un hombre, según los indios mixes, y siete son los tentáculos poderosos de la naturaleza, cuando ésta se enfurece: el temblor, el viento, la tempestad, el terremoto, la inundación, la erupción de los volcanes, el huracán devastador[…]
Cuenta una leyenda oaxaqueña que cierto día fueron hallados en una cueva, cerca de Coatlán, dos huevos gigantes. A los tres días, los huevos reventaron: de uno de ellos salió un niño con pies de ave, robusto y noble, que con el tiempo se convertiría en el amado “Rey Kondoy”, gran defensor del pueblo mixe; del otro huevo salió, en cambio, una enorme serpiente con cuernos. ¡Cómo puede haber hermanos tan distintos y con destinos tan opuestos! El espíritu de Kondoy es el heroísmo, el trabajo y la generosidad; mientras que el de su hermana, la “Serpiente cornuda”, es la bestialidad, el instinto y la devastación. […]
Una vez fuera del huevo, la maléfica hermana de Kondoy se hundió bajo la tierra ocasionando truenos, lluvias y vientos. Usando sus cuernos excavó zanjas, barrancos y pasajes subterráneos en toda la región. Conforme avanzaba por ellos, iba ablandando peligrosamente el suelo y hacía temblar la tierra, derrumbando casas y construcciones. […]
Pero lo cierto es que cuando ya no pudo arrastrarse, el Dios de la Lluvia mandó torrentes de agua que llenaron el brazo del mar, para que el ímpetu de la corriente se la llevara hasta el océano, donde tendría la tarea de custodiar el mayor tesoro del mundo. Fue precisamente al llegar al mar cuando le nacieron las múltiples cabezas con las que vigilaría y destruiría a todo aquel que pretendiera robar o explotar aquel tesoro. Para ello, además de haberla rescatado, el Dios de la Lluvia le otorgó el poder de dominar las aguas y de crisparlas en caso necesario. Por su parte, el Dios del Viento Negro, agitando los siete tentáculos de la criatura, le dio un poder adicional: el de enfurecer al aire, a las nubes y al relámpago. La Serpiente de Siete Cabezas se convirtió entonces en el “Gran Monstruo de Mar”, causante del primer Diluvio que inundó la tierra, y en la “Gran Serpiente de Poder”, la cual se transforma en terribles huracanes, que azotan a menudo nuestras costas.



 
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Monstruos Mexicanos

Ilustraciones de Claudio Romo y Marcos Castro
México, Col. Alas y Raíces, CONACULTA, 2012
ISBN 978-607-516-028-3


...en este libro, Leñero entrelaza historias de sus experiencias personales, de sus recuerdos y una amplia investigación del folclore y la cultura popular mexicana. Notimex, 21/01/13.

Monstruos Mexicanos es el resultado de largas batallas que la escritora ha librado contra estos seres que se propuso encerrar entre las páginas de un libro, que sólo personas curiosas y valientes querrán hojear para saciar su curiosidad. Prensa Conaculta, 19/01/13.

Historias contadas por su nana o relatos que simplemente oyó en un trayecto de estación a estación en el metro, y la abstracción de seres “animalescos” con un toque de imaginación forman parte de las narraciones que conforman Monstruos Mexicanos, su más reciente proyecto editorial. Agencia Noticas 22:www.milenio.com, 21/01/13.

Los monstruos estimulan la imaginación y también cuentan historias. Así lo demuestra el libro Monstruos mexicanos, un bestiario ilustrado en dos tomos que combina las historias creadas por Carmen Leñero y las ilustraciones de Claudio Romo y Marcos Castro, donde juntos recrean una nueva versión de los animales fantásticos que han poblado por siglos el imaginario colectivo. Cuarto poder 07/01/13.

     
Monstruos Mexicanos.
2012
Remedios y su Demonio.
¿Sólo les falta hablar?
     
Emilio y el viaje sin tesoro.
2009
La pequeña tempestad.
2007
La niñez de Frida Kahlo.
2007
     
¡Es una traviesa esa raya!
2001
Carcajadas en Grandipécuaro.
1997
Lucas adentro. Lucas afuera.
1997
     
Saltimbanqui, Luz de Ayer. 1992
   
 
     


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